El gatopardo
Título original: Il Gattopardo
de Giuseppe Tomasi di Lampedusa
Banda sonora
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¿Por qué leer El gatopardo?
El Gatopardo es una novela sobre aristocracia, deseo, familia y política, pero, por encima de todo, sobre el tiempo y la imposibilidad de conservar intacto aquello que amamos.
Sinopsis de El gatopardo
En la Sicilia de 1860, mientras el desembarco de Garibaldi anuncia el final de una época, el príncipe Fabrizio Salina contempla cómo las certezas de su familia empiezan a resquebrajarse. Entre salones, conversaciones, deseos y silencios, Lampedusa retrata el ocaso de una clase social que intenta conservar su lugar mientras todo lo que la sostiene comienza a desaparecer.
Reseña de El gatopardo
Giuseppe Tomasi di Lampedusa sitúa la novela en la Sicilia del Risorgimento, durante la caída del reino de las Dos Sicilias y la incorporación de la isla al nuevo Reino de Italia. La historia sigue a la familia Salina, una antigua familia aristocrática siciliana encabezada por don Fabrizio, príncipe de Salina, mientras el mundo que le ha dado su posición comienza a desmoronarse con el Risorgimento y la llegada de Garibaldi. A su alrededor están sus hijos, su esposa Stella, su sobrino Tancredi, su verdadero favorito y quizá la persona a la que más quiere de toda la familia y, después, Angélica Sedàra, hija de un rico terrateniente de origen burgués.
Sería demasiado sencillo afirmar que la novela trata sobre una aristocracia que pierde sus privilegios frente a una burguesía ascendente. Lo que Lampedusa observa es algo bastante interesante: una clase social que comprende que está muriendo y que, en lugar de desaparecer, aprende a transformarse. De ahí sale la célebre frase de Tancredi: si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. Convertida con los años en la definición del gatopardismo, suele entenderse como una fórmula de cinismo político. Y lo es. Es un joven aristócrata sin dinero que comprende antes que su tío que el mundo ha cambiado y que la única manera de conservar una posición dentro de él consiste en abandonar algunas de las formas antiguas del poder.
Fabrizio contempla el cambio. Tancredi es su sobrino, sí, pero también es algo parecido a su heredero espiritual. Fabrizio lo prefiere incluso a sus propios hijos y ve en él cualidades que reconoce como propias: inteligencia, ironía, elegancia, capacidad para moverse entre personas y situaciones distintas. La crítica ha señalado precisamente esta relación casi especular: Fabrizio ve en Tancredi una versión joven de sí mismo, aunque una versión que posee aquello que él ya no puede tener: futuro.
Cuando Tancredi se une a los garibaldinos, Fabrizio no deja de reconocer en él a un Salina. Cuando después se aproxima al nuevo poder, tampoco deja de reconocerlo. Tancredi sabe cambiar de uniforme sin cambiar de instinto. Y Fabrizio, que es demasiado lúcido para creer que la historia puede detenerse, comprende que esa capacidad de adaptación será necesaria para sobrevivir. En Tancredi también está, quizá, la última posibilidad de Fabrizio de participar en una juventud que ya se le escapa. Cuando el muchacho se enamora de Angélica, Fabrizio contempla de alguna manera su propia juventud desde fuera. No puede volver a ser joven, pero puede observar a alguien que todavía lo es. No puede conquistar el futuro, pero puede ayudar a Tancredi a entrar en él.
Y ahí aparece Angélica. Es tentador pensar que Angélica sustituye a Concetta, la hija mayor de Fabrizio quien irremediablemente ha estado siempre enamoarada de Tancredi. Angélica llega porque posee exactamente aquello que el mundo de los Salina ya no puede producir: dinero, vitalidad, deseo y una extraordinaria capacidad para adaptarse. Los Sedàra tienen dinero, pero carecen del prestigio social que desean. Los Salina tienen prestigio, pero empiezan a carecer de aquello que permite mantenerlo. El matrimonio entre Tancredi y Angélica es, por tanto, es una alianza entre dos mundos que necesitan desesperadamente algo del otro. Él le proporciona acceso a una clase social y ella le proporciona los recursos para sobrevivir dentro del nuevo orden. Y Fabrizio lo entiende perfectamente. Por eso acepta el matrimonio aunque sabe lo que significa. La aristocracia no será sustituida de golpe por la burguesía. Será absorbida por ella. Los apellidos permanecerán, las casas continuarán en pie, los bailes seguirán celebrándose; pero debajo de todo eso habrá cambiado la fuente del poder.
La novela la presenta a Angélica como una criatura mucho más adaptable que Concetta, y por eso resulta tan adecuada para el nuevo tiempo.
Concetta, en cambio, permanece. Y esa diferencia entre ambas mujeres es esencial.
Durante buena parte de la novela podemos mirar a Concetta como la muchacha que pierde a Tancredi frente a Angélica. Tancredi renuncia a su prima no porque Concetta carezca de atractivo. Lo que ocurre es más incómodo: Concetta pertenece al mundo que Tancredi está dejando atrás; Angélica pertenece al mundo hacia el que se dirige. Concetta representa la continuidad, la familia, el amor conocido y una forma de vida que todavía conserva las reglas antiguas. Angélica, en cambio, es deseo, dinero, ambición y futuro. Lo trágico es que el final sugiere que quizá Concetta no perdió porque Tancredi no la amara, sino porque él escogió aquello que le permitía avanzar. Por eso la revelación tardía sobre sus sentimientos resulta tan cruel: después de toda una vida creyendo que había sido rechazada, Concetta descubre que quizá el amor estuvo allí, pero que no fue suficiente para vencer al tiempo, al dinero y a la voluntad de sobrevivir.
La revelación final sobre Tancredi modifica retrospectivamente la historia de Concetta. Ella había vivido convencida de que sabía por qué había perdido a Tancredi. Al descubrir que quizá él la había amado realmente, todo su pasado se vuelve inestable.¿Qué hacemos cuando descubrimos que hemos construido nuestra vida sobre una interpretación equivocada?
Y entonces entendemos por qué el último capítulo es tan importante.
A menudo se ha considerado un añadido menor, e incluso algunos críticos lo han juzgado innecesario o inferior al resto de la novela. Pero precisamente allí Lampedusa lleva hasta sus últimas consecuencias aquello que había comenzado con Fabrizio: la muerte de un mundo no termina con la muerte de sus protagonistas. Continúa en los objetos que dejan detrás: los cuadros, las reliquias, las habitaciones, las hermanas. Y, finalmente, Bendicò.
El perro embalsamado de Fabrizio parece al principio un recuerdo casi doméstico, pero termina convirtiéndose en una imagen perfecta de la novela. Concetta lo conserva porque conserva todo lo demás: la casa, el padre, la familia, el pasado, incluso una determinada versión de sí misma. Cuando finalmente ordena que lo arrojen a la basura, no está tirando simplemente los restos de un animal. Está deshaciéndose de la última reliquia de un mundo que ya no existe.
Y durante un instante, mientras el cuerpo cae, su silueta vuelve a adquirir la forma del emblema familiar. El Gatopardo, el escudo de una familia convertido en basura. El verdadero enemigo de los Salina no es Garibaldi, es el tiempo. Fabrizio lo sabe desde el principio. Por eso mira las estrellas con tanta insistencia. Mientras los hombres hacen revoluciones, celebran elecciones, se casan, compran propiedades y cambian de uniforme, las estrellas continúan ahí. Parecen eternas.
Y esa conciencia de la muerte hace que Fabrizio sea un personaje mucho más complejo que un aristócrata nostálgico. Fabrizio es inteligente, pero también orgulloso; sensible, pero profundamente egoísta; capaz de comprender la decadencia de su clase, pero incapaz de hacer nada para impedirla. Incluso su negativa a aceptar el puesto en el Senado es reveladora. No quiere participar en la nueva Italia porque considera que la transformación política es, en el fondo, superficial y porque sabe que su mundo ya no puede recuperar el poder que tuvo. Pero su negativa no es exactamente heroica. Hay también en ella una forma de derrota.
Cuando la novela se publico por primera vez, no fue recibido unánimemente como una obra maestra. Al contrario: durante años estuvo en el centro de una auténtica batalla literaria e ideológica. La acusación era, en esencia, esta: Lampedusa presenta el Risorgimento desde la perspectiva de una aristocracia que contempla su propia desaparición y, al hacerlo, parece sugerir que la Historia no cambia realmente nada. Elio Vittorini es probablemente el nombre imprescindible. Rechazó el manuscrito para Einaudi en 1957. Su crítica es especialmente interesante porque no dijo que fuera un libro malo: lo llamó serio y honesto y destacó la potencia psicológica del capítulo de la muerte de Fabrizio. Pero lo consideró demasiado decimonónico, desequilibrado y prolijo.
Porque para una izquierda cultural de los años cincuenta, eso resultaba profundamente problemático. El Risorgimento debía poder leerse como un proceso histórico de transformación; Lampedusa, en cambio, parece decirnos que las élites simplemente cambian de traje y continúan ocupando su lugar.
De ahí que El Gatopardo fuera acusado de ser una novela “reaccionaria”, e incluso de representar una especie de “éxito de derechas”.
Alberto Asor Rosa, décadas después, siguió viendo en la novela una profunda desvalorización del plano histórico y una exaltación de la memoria y los sentimientos frente a la Historia. Su crítica es especialmente interesante porque considera que la extraordinaria habilidad de Lampedusa puede incluso hacer más eficaz esa visión ideológica.
Y aquí aparece Giorgio Bassani, que es fundamental porque fue quien consiguió que la novela se publicara en Feltrinelli en 1958, después de los rechazos anteriores. Cuando leyó el manuscrito, reconoció inmediatamente lo que consideraba una obra extraordinaria y se encargó de su edición.
Carlo Bo publicó prácticamente desde el principio una reseña entusiasta, La zampata del Gattopardo, y Eugenio Montale también se situó entre quienes reconocieron el enorme valor literario de la obra. La novela obtuvo además un éxito inmediato entre los lectores y ganó el Premio Strega en 1959.
No creo que el autora idealize a la aristocracia. Fabrizio pertenece a una clase que está desapareciendo y cuya decadencia contempla con una lucidez casi despiadada. Y la famosa frase de Tancredi puede leerse no como una celebración del poder de las élites, sino como una acusación: las revoluciones pueden cambiar las instituciones sin cambiar verdaderamente quién posee el poder. El Gatopardo fue atacado por parecer demasiado viejo cuando, en realidad, estaba escribiendo sobre algo que sigue siendo extraordinariamente moderno: la capacidad de las élites para sobrevivir a los cambios históricos adaptándose a ellos.
Mi valoración de El gatopardo
Lo que me encantó
- Una reflexión excepcional sobre el tiempo.
- Los personajes femeninos no son accesorios.
- Una enorme riqueza simbólica.
- Una mirada extraordinariamente compleja sobre el cambio histórico.
- La relación Fabrizio-Tancredi añade una dimensión emocional enorme.
Lo que menos me gustó
- El Risorgimento queda deliberadamente filtrado por la mirada aristocrática.
- La burguesía está algo simplificada.
- Existe una cierta idealización estética de la aristocracia.
- La relación Tancredi-Concetta-Angélica no siempre tiene la profundidad que uno esperaría de un triángulo amoroso.
Cita favorita de El gatopardo
“If we want things to stay as they are, things will have to change.”
¿Para quién es El gatopardo?
- Te interesan las novelas sobre familias y sociedades en decadencia, donde los conflictos íntimos reflejan cambios históricos mucho mayores.
- Te atraen las novelas donde el contexto histórico importa tanto como la trama.
- Te gustan las novelas con simbolismo, ironía y muchas capas de lectura, que ganan significado al volver sobre ellas.
- Te interesan los triángulos amorosos en los que el deseo también está atravesado por la clase social, el dinero y las expectativas familiares.
- No te molesta una narración pausada, contemplativa y llena de digresiones.
- Buscas una novela con mucha acción y una trama que avance constantemente.
- Esperas un romance como eje principal.
- Buscas una representación equilibrada de todas las clases sociales. La novela está profundamente marcada por la mirada de la aristocracia siciliana y puede resultar limitada desde otras perspectivas.
El final de El gatopardo, explicado
Este bloque revela el finalMostrar
Décadas después de la muerte de Fabrizio, Concetta sigue aferrada a los recuerdos de su familia y a la idea de que Tancredi nunca la quiso realmente. Una revelación tardía le hace descubrir que quizá sí la había amado y que su historia pudo haber sido distinta. Pero ya es demasiado tarde: Tancredi ha muerto y Concetta comprende que ha pasado su vida aferrada a una versión del pasado que ya no puede recuperar. Finalmente, decide desprenderse de los últimos objetos que conservaba de su familia. Entre ellos está Bendicò, el perro embalsamado de Fabrizio, que termina siendo arrojado por la ventana. Por un instante, su cuerpo recuerda la silueta del emblema del Gatopardo antes de desaparecer. El final simboliza la desaparición definitiva de los Salina: no solo muere su mundo, también se deshacen sus recuerdos. El pasado no puede conservarse; solo puede convertirse, con el tiempo, en polvo.
Preguntas frecuentes sobre El gatopardo
¿Qué significa el título El Gatopardo?
El gatopardo es el animal que aparece en el escudo de la familia Salina y funciona como símbolo de su linaje, su orgullo y su poder.
¿Qué significa la frase «cambiarlo todo para que nada cambie»?
Expresa la capacidad de las élites para adaptarse a las transformaciones políticas sin perder realmente su posición. La revolución cambia las formas del poder, pero quienes saben adaptarse pueden conservar sus privilegios.
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